SINOPSIS

de CUATRO PÁGINAS

            Que el amor a primera vista existe en el 2020 es algo que a Samuel y Rebecca nadie puede discutirles. Tal ha sido su experiencia, convertida en cosa de horas, en intensa y desmandada pasión.

          Los dos jóvenes arcadianos se conocen en el ensayo de un "baile de quince años" en un club donde Samuel toma fotos para una investigación que lo ocupa. Y en esa misma noche del baile, al compas del vals de "Los Patinadores" sucumben al amor.

      A partir del siguiente día, en el tránsito acelerado por descubrirse entre querencias de casa y calle, de tragos y de celebrar en todo la vida que se regalan, Rebecca va sabiendo de la ocupación de  Sam. Éste se dedica a explorar los documentos de Luis Carlos Hermoso, cineasta arcadiano quien en los años 20, muy joven, siguió de cerca desde el Madrid de la modernidad, la aventura de un grupo expedicionario que realizó una invasión militar a Arcadia con el propósito de derrocar la dictadura de ese país. Samuel posee los videos donde Hermoso ya viejo (en los años 70) se graba a si mismo para contar su relación con el grupo invasor y emitir juicios sobre el suceso que lideró el General René Miranda-Leroux acompañado en la aventura por su joven hijo Andrés Miranda-Leroux. El otro "documento" que Sam maneja es un emotivo guión cinematográfico, no filmado, del propio Hermoso sobre la invasión. Hay además importante material documental rodado a bordo del buque (el "Sieg") utilizado para el asalto, e incluso escalofriantes tomas del propio combate en tierra arcadiana. Todo filmado por Carlos Jaramillo, fotógrafo colombiano participante y sobreviviente de la expedición.

          En el "Sieg" los expedicionarios zarpan desde Algeciras con la coartada de que se dirigen a Arcadia a "filmar una película". A ese efecto se produce la colaboración del joven Luis Carlos Hermoso: se le pide que maquille, que convierta los cajones de armas (con fusiles, ametralladoras y municiones) en baúles de equipo cinematográfico con el fin de burlar los controles aduanales.

            La singular y bella Rebecca es médico graduado mas no ejerce y se dedica al trabajo de investigación social en una empresa transnacional.

           Sam y Rebe encarecen su amor mientras Hermoso en sus videos les refiere los pormenores de la invasión y las intensidades humanas y sentimentales de los comprometidos en ella.

            La estadía de los Miranda Leroux en el Madrid del año 29 se convierte en otra aventura. Espiados por agentes de su país y en medio de los preparativos políticos y militares de la invasión a Arcadia, el General René Miranda, jefe del movimiento, conoce a una extraordinaria mujer, imprescindible en los más destacados círculos artísticos madrileños: Amelia Luna. Luis Antonio Lizarralde, renombrado escritor arcadiano, comprometido en la aventura, la presenta a René. La imponente y bellísima Amelia es dueña de una atropellante voluntad y un seductor talante que convierten en certeza cada impulso suyo. La acompaña una romántica  leyenda de profetisa. Sólo unos pocos y memorables minutos en el renombrado dancing "Le jour Violet" bastan a la divina mujer para hacerse de la admiración y la compañía del General Miranda-Leroux. Una sola noche pasan juntos y ambos se someten irremediablemente. Pero la historia ya comenzó a escribirse y los argumentos y exhortaciones de la estupenda Amelia no torcerán el destino del René expedicionario muy cerca ya del acontecido embarque.

          Su hijo Andrés,  con la misma edad de Luis Carlos Hermoso,  ignorará todo esto. En estrecha amistad con el joven cineasta, Andrés tendrá la oportunidad de conocer y disfrutar el mundo de la cultura y la noche madrileña: los grandes personajes, la alfombra roja de la ópera, la bohemia de los grandes artistas, los sets de filmación. Amelia Luna no intentará desviar la voluntad de René y en esos muy cortos días hasta su partida, rodea a su hijo Andrés de un afecto extraño, pleno de admiración y ternura.

            En Madrid, y a solo unos pocos días después de la partida de la expedición, Hermoso se enterará del cruento fracaso de la invasión y de la trágica muerte de René Miranda-Leroux. Asumirá entristecido que Andrés ha corrido la misma suerte. Pese a las exigencias de sus amigos, se rehusa a hacer una película  sobre los hechos. Declara "no tener alma" para ello.

         Mientras reviven la subyugante madeja de historias, la vida de Sam y Rebe transcurre entre el apartamento del joven y una casita de playa propicia para el amor y el trabajo. Son seres con un sentido de independencia saludable y feliz. Rebecca ve con interés como Sam continúa las investigaciones que a Hermoso lo llevaron a concretar el guión sobre los Miranda-Leroux. Compartirán el dibujo violento y cuasi monstruoso de imágenes y palabra escrita donde se da cuenta de la muerte en suelo arcadiano de la casi totalidad de los expedicionarios del Sieg.

            La otra preocupación de Sam es Eduardo su hermano. A sus escasos 17 años participa en las acciones de calle contra la dictadura imperante en Arcadia. Las protestas día tras día van siendo más violentamente reprimidas.

           En lo narrado por Luis Carlos Hermoso  está dicho que en 1949, veinte años después de la fracasada invasión, y habiendo ya realizado dos películas de éxito, se enteró de que Andrés vivía en Arcadia, que era militar de carrera y que participaba activamente en la política. Superada su sorpresa y ciertamente contento, Hermoso se decidió a escribir "Arcadia Blues", el guión que ahora, en manos de Samuel y Rebecca, los conmueve profundamente.

            Sam muestra a Rebe videos conseguidos por él y que Hermoso no conoció. En uno de ellos (un noticiero de cine de los años 40), se muestra la celebración de Numa Escudero como presidente de Arcadia. Rebecca descubre allí el salón del club donde conoció a Samuel. En otros videos, dos testimoniantes relatan la comprometida situación de Andrés Miranda-Leroux en la víspera del derrocamiento del presidente Escudero de quien fuera su Ministro de la Guerra.

           Rebecca es fuerte y clara, emotiva y compasiva. Samuel que la conoce bien, no está enterado (nosotros sí) de todo cuanto es capaz de hacer. Rebecca puede convencer a una incrédula y aterrorizada amiga, de recoger en su vehículo en medio de la noche y bajo una tormenta desatada, a un incapacitado -enchumbado y aterido- que soporta la lluvia sentado en una acera. Rebecca puede, luego de que un truhán se mete tras ella en el baño de un bar, propinarle un par de trompadas y noquearlo en el suelo de una patada. Esa Rebecca sabrá que Andrés Miranda-Leroux llegó a ser presidente de la junta militar de gobierno que derrocó al presidente Numa Escudero y llorará con la alocución del nuevo gobernante donde, rompiendo recetas del discurso politico, cita el "amor" a través de San Agustín y Jean Cocteau. Junto a Sam sabrá Rebecca del nexo fantasmal y filial mantenido a lo largo de los años entre Andrés y la mítica Amelia Luna. Sabrá también de la efímera carrera política de Andrés Miranda-Leroux y de su trágica ejecución a manos de la cáfila de asesinos que intentan secuestrarlo.

             Sam y Rebe transcurren, viven, son.

         Hay melancolía en Samuel cuando se dirige a la parroquia de Mayago para saber de Eduardo. Éste comparte apartamento con un grupo de amigos tan comprometidos como él en la política y la calle. Samuel descubre donde los muchachos trabajan: escriben pancartas y cartelones, pintan telas. Se mueven en medio de una colección de objetos pertinentes a las protestas: máscaras caseras contra los gases lacrimógenos, franelas escritas a mano, caretas de la película “V de Venganza". También, como una inocente y peligrosa utilería, hay unas cuantas “chinas” o tiragomas. Toda la juvenil actividad está divorciada del miedo y del peligro y semeja un recreo colegial. La conversación con Eduardo finge ser intrascendente. Sam es el padre asustado que ambos no tienen. Eduardo apenas entiende y se conmueve.

          Los hechos dramáticos que llevan a la muerte de Andrés Miranda-Leroux en 1950 se cruzarán con los que en breve vivirá Samuel.

           Por estar cerca de Eduardo, Sam hace acto de presencia en una manifestación estudiantil que enfrenta a las fuerzas militares del régimen. Estalla la agitación, y la emocionada creatividad de los jóvenes, parida del juego, del arte, exacerba y enfurece a los militares.

         Al Samuel que conocemos: bueno, decente y solidario, se añade terrible el amor y la fortaleza de Rebecca quien ajena lo espera en casa; se añaden las conmovedoras palabras y recuerdos de Hermoso que  lo abrasan.  Acrecentado el sentimiento, de Sam brota la dignidad, el valor, la fiereza que presentíamos. El entorno que lo avasalla se incendia, explota para dejarnos perplejos. Sam dilucida y resuelve, sobre el tumulto inexorable de los hechos, su propio destino.

            Son Madrid y la costa de Arcadia que se queman a una sola voz.

            Es una playa y el mar inmensísimo.

          Ha pasado más de un siglo y el final de la historia es de Luis Carlos Hermoso quien, vidente,  profetiso, artista como Amelia Luna, nos dice:

 

                        -  Importó que existieran, ¿no?.

                           Si lo que amaron se convirtió en despropósito,

                          ¡también eso importó! Se nos dan caminos para amar

                           y hay especialistas en encontrar esos caminos.

                           Eso importa...

                           Quienes queremos a gente así...

                          ¡podemos decir que importamos!:

                           Es el efecto de la reverberación del alma...

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