Lo que es pasado es un prólogo.

Lo dijo William Shakespeare pero hay quien lo suscribe hoy día a pie juntillas. El director y productor de cine Iván Feo, con experiencia fundamental en películas de época, mira al futuro con fe... y desconfianza. Arcadia Blues es ahora su aldabonazo. Rodeado de gente valiosísima que siempre ha tenido fe y apostado por él, Iván Feo quiere borrar de la mente sus tres películas  anteriores hasta que Arcadia Blues esté lista.

La "historia de verdad" que tanto desprecia y preocupa a Feo se reduce ahora a las de Sam y Rebe, René y Amelia, Lizarralde y Escudero, pero por sobre todo a la de Luis Carlos Hermoso, el arcadiano, director como él, quien escribió el guión que ahora filmará nuestro entrevistado.

De la introducción realizada por José Pedro Elián

IFG.- Pero sin embargo estoy muy inquieto. Diría que tengo miedo.

JPE.- ¿Por qué en una circunstancia tan crítica, hacer una película tan compleja de producción?

IFG.- Es que el mundo ha vuelto a revolverse. Incluso en los países que se llaman desarrollados ese desarrollo está "re-vuelto". Son tiempos de equivocarse sobre lo que significa "progreso" y más aún: "civilización". Un ejemplo cimero para no hablar más con ejemplos: el presidente del país más poderoso del mundo es un acosador de mujeres y un payaso millonario de la peor televisión.

En los países latinoamericanos la historia de la que se depende (con sus héroes) es de mármol, es lejana, es más o menos de caricatura y la gente la ve, la acepta, desde una posición de inferioridad parecida a la que un

niño asume frente a Spiderman ¡o Hulk ! Se supone que los héroes del pasado escoltan el camino "hacia" el progreso. Pero la historia es otra, y progreso y civilización son relativos, y no porque el tiempo transcurra significa que avanzamos. Toda acción individual o colectiva es un camino sinuoso  que puede cruzar y volverse y dirigirse 180º hacia atrás. Cuando retrocedes, tu espalda va hacia atrás con tu rostro todavía dirigido al frente. Pero peor que retroceder es lo que a veces pasa: en mi país tenemos largos años dirigiéndonos en línea recta de cara hacia atrás. "Avanzamos" hacia el abismo dando la espalda a cualquier noción de progreso.

Han vuelto a nacer, se han hecho presentes como antinomia maniqueísta pero real, ineludible, los términos de civilización contra barbarie.

JPE .- Ok, me ha respondido en parte, pero me preocupa que Arcadia Blues es especialmente ambiciosa y extensa. ¿No podía plantearse una obra más sencilla?

IFG.-  Hay una relación directamente proporcional entre el sufrimiento primario y la necesidad de crear para mantener vivo lo humano imprescindible. Proveerse de comida es inaplazable para no morir, pero allí, en la instancia inmediata, contigua, crítica, ¡también ineludible! está que el alma no se destruya -como está ocurriendo-. Mira, el arte es una forma de conocimiento y con esto te digo que el acercamiento a una problemática compleja y hasta terrible, muchas veces sobrepasa las precisiones de la razón. Pero es que además el arte convertido en espectáculo transforma en admiración la tristeza, troca en alegría final lo que no es más que penoso cuento real. Explica la maldad -ese es el caso- probando, por la propia operación artística, que puede más, que es superior a ella. La somete y la vence.
Arcadia Blues es retórica, poética y emocionante. Sus recorridos por la historia que compartimos no necesita nombres que identifiquen dictadores ni precisiones para denunciar el atraso. Arcadia Blues ni siquiera necesita la

presencia de villanos en su escenario, porque preferencia y prohija de manera ejemplar los afectos y el amor.

A grandes problemas, ¡grandes soluciones! Arcadia Blues no puede ser chiquita, esquemática o simple. Debe ser como es: extensa y -más que ambiciosa- ¡arrogante!

¿Por qué ha escogido estos hechos y estos personajes tan peculiares?

IFG.- En nuestros países hay hombres, mujeres y hechos históricos maravillosos por contingentes y extraños, por bellos y heroicos. Heroicos, más no en la medida en que los aprecia la gesta bravucona reseñada en los libros de la patria. Los seres y actos que me parecen ponderables tienen su sitio, su lugar en los libros de poesía y en las obras donde se representan -mitad y mitad- la verdades ocurridas y la imaginación que especula lo que aquello ha debido ser...   Lo que nos interesa  ha sido soslayado por la historia oficial  que no

es capaz de entenderla. Aquí tengo de descargar a los sociólogos, antropólogos, historiadores y demás "humanistas" que se humillan autocalificándose de "científicos blandos" por el consabido complejo de creer superior a las "ciencias exactas" (¡las duras!) por sobre el serpenteante, profundo y real pensamiento humanístico. Creo como Croce que la única ciencia es la filosofía y creo que el desmadre que vivimos ordena, manda buscar la luz empleando el alma, el sentimiento y la emocionalidad como instrumento... Vuelvo a "el arte como forma de conocimiento". Aquí es un arma que desentraña y ataca la maldad y la miseria que ha provocado esta fatiga, esta confusión, este descreimiento. Recién recuperé un leit motiv de mis clases donde afirmaba a los incrédulos alumnos que "8 y 1/2 de Fellini es más reveladora y aproximativa al problema de la creación que toda la estética de Lukács y todas las historias del arte que he manejado". La complejidad no se resuelve con precisiones. El lenguaje del arte lejos de ser vago es ambiguo y cálidamente aproximativo: es polisémico, abarcante. Es denso, más no complicado. Difícil de explicar, mas sencillo de entender.

¿Por qué su conocido interés en utilizar actores no profesionales?

IFG.- Mi interés nunca ha sido usar gente "natural" "para que no actúe". Siempre busco sencillamente los mejores actores. Ocurre que los mercados, sea el de México, España o el de Venezuela contienen a quienes tienen claro su interés por la profesión de actor y trabajan como tales. Pero los mejores no necesariamente están allí. Hay los actores no dedicados al oficio pero que lo son. Tienen la necesaria capacidad de "mímesis", las condiciones para no ser ellos mismos. Y buena parte de las veces no lo saben, lo ignoran. Andan por ahí, en los hospitales (como médicos, enfermeras o pacientes) en las oficinas, en los liceos y los estadios (como deportistas o espectadores). Hay que recordar a Brando y Olivier cuando afirmaban, refiriéndose a la condición de actor, que: "algo malo debe funcionar en la cabeza de alguien que quiere ser otro". Hay que ser un poco loco y buscar a otros pares. Hay que tener la vista para diferenciarlos y descubrirles que no están en el oficio indicado. Y darles el papel que se merecen.

Arcadia Blues es la primera película suya no basada en una obra preexistente. ¿Por qué?

IFG.- No se ría cuando le diga que sólo ahora fue que superé la humildad y me sentí capaz de hacerlo. En mis tres películas anteriores hubo la comodidad de apoyarme en gente maravillosa conocida o no, siempre admirada, que ya había hecho o recorrido un largo trecho para mí. Adriano González León con País portátil, Teresa de la Parra con Ifigenia, Giacomo Puccini con Tosca. Pero la complejidad de la vida personal y, debo decirlo, las conflictos de mi entorno me empujaron a retomar los asuntos, entre familiares y políticos, con los cuales crecí y me formé. No heredé ni un centavo de mis padres pero sí una historia patrimonial de cierto valor... o valores, podría decirse. Se juntaron  memorias conocidas de por allá atrás con las de más acá de mi abuelo...

Y tengo un hijo jovencito que me incorporó el miedo y la rabia de saber que tampoco le dejaría

dinero, sino peor: le entregaría un país destruído, invivible como el que hoy tenemos. Conocí a los amigos de mi hijo y esos jóvenes matizaron el dolor del que hablo. Nacieron entonces Samuel y Rebecca como personajes y con ellos el deseo de hacer un guión que enrumbara hacia la luz. Bueno, lo que al principio fue escrito desde el odio, la rabia, el resentimiento y la frustración, terminó siendo un discurso sobre el amor.

Una obra sobre los afectos. que debería tener "principios" que impidieran los errores cometidos, no en mis películas, sino en la vida. Ese guión ya no podría estar basado en las experiencias ajenas por más que en aquellas otras tres ocasiones me hubiera apropiado total y justamente de ellas.

Arcadia Blues se escribió en solitario en compañía de los fantasmas de Andrés Barazarte, el sacrificio de Ifigenia y la daga inmoladora de Floria Tosca.

Por eso no hay paradoja cuando afirmo que las cuatro películas se me antojan la misma, una sola: un homenaje a las muy distintas maneras de amar lo que no sabemos que amamos.

¿Por qué inventar un país llamado Arcadia? ¿Por qué no se trata de su país Venezuela?

IFG.- La situación política y económica de mi país no permite que pueda filmarse allí. Por otra parte, Arcadia sí es Venezuela aunque no solamente. Me remito a la respuesta de la pregunta 2 del Catecismo que se encuentra en nuestra página web y que reza: "¿Y qué País es ése. dónde queda?". La respuesta es: "Arcadia es Perú, es Colombia, es Venezuela, es Brasil, es México. Hay quien afirma que es un país de Centro América".

¿Cuál es su relación con España?

IFG.- Íntima e histórica. Ramón, mi abuelo paterno murió en Madrid (Princesa, 80) y yo que apenas lo conocí en un corto viaje que hizo a Venezuela poco antes de morir, admiraba su vida azarosa y atractiva. Estuvo en la terrible prisión de La Rotunda por varios años a raíz de una conspiración contra el dictador Juan Vicente Gómez, delatada  en  la  víspera  de  lo  planificado. Salió de la cárcel junto al personaje real que en la película

es el escritor Luis Antonio Lizarralde. Cuando viajé a Madrid por primera vez en 1976 logré conocer su apartamento. También el piso que tenía en San Sebastián. Solía yo decir muy jovencito que me jubilaría en España pero en la costa. Intenté comprar un piso en Andalucía y no se pudo. Pero lo cierto es que hice de España mi destino natural y en 1979 pasé más tiempo en Madrid que en Caracas (7 meses allá, 5 acá), yendo y viniendo porque no podía quedarme demasiado sin venir a Venezuela.

En País portátil pude utilizar los impagables servicios profesionales de mis amigos españoles José Antonio Sánchez Torres y José Antonio Arigita (maquillador y sonidista respectivamente). Pero en lo fundamental, a España me une el sentido y el sentir. Uno sabe de dónde vienen, de dónde salen las virtudes y defectos importantes que se cargan en la busaca. De mí se copia Amelia Luna para llamarle a René Miranda-Leroux: "español de Indias".

Pero óigame, anote: en la web de Arcadia Blues habrá varias páginas dedicadas exclusivamente a ponderar la importancia de Madrid y la modernidad (las generaciones del 27 del 14 y la del 98).

Se había colado que Arcadia Blues sería un musical, y no lo es ¿Qué pasó?

IFG.- Un equívoco comprensible. Fue cuando publique la lista de Youtube con los 71 temas que habían acompañado la escritura del guión.

Alguna gente creyó que tal profusión de música estaría contenida en el film. Pero no, para aclarar va la nota que acompaña dicha lista:

"Estos 71 temas no son la música de una película sin filmar. No. Su duración acumulada daría para cubrir holgadamente una serie de 20 capítulos de una hora para la televisión. Son 71 temas que respaldaron el largo proceso de imaginación y escritura de un guión complejo y sinuoso que se ocupa del amor y la historia, del amor y la violencia, del amor y el odio. Cada pieza es el "background" que permitió escribir (colocar) cosas sobre él, o lo contrario: música que permitió imaginar lo que debía suceder"...

Aprovecho para remitirlo a la pregunta 4 del Catecismo de la página web y que reza: ¿Y el "Blues" que acompaña a Arcadia? La respuesta es:

"El término "Blues" la califica de maravillosa: de triste y misteriosa, de enérgica y sorprendente, de cruda y de poética, de ambigua y permanente. La remite a que no pueda ser imaginada, a que no pueda concebirse, sin música."

Ramón Eduardo Feo Calcaño - Madrid 1944

Usted declaró que no podría volver a hacer películas como las anteriores (suyas). ¿Qué quizo decir?

IFG.- Sí, hubo una confusión, un malentendido. Me refería exclusivamente al aspecto técnico y lo que se ha avanzado en ese sentido. En el 2001, con Tosca, yo me gastaba, aunque me valiera del mejor y más capacitado equipo de máquina (¡todo un grupo de campeones profesionales!), gastaba, digo: 45 minutos en montar correctamente sobre grama, los rieles de un dolly de 18 metros de largo. Hoy día sabemos lo que se logra con el dron apropiado y un buen manejo. Eso se despacha en el tiempo que lleva ensayar el movimiento con los actores (en el que el operador del dron ensaya lo suyo). Otro ejemplo: Hasta hace poco el trabajo de "green screen" había que pensarlo. Hoy con los sistemas de edición más populares el problema es más de planeamiento y de preparación que de tiempo de filmación.

Los directores de fotografía de hoy saben en qué invertir su tiempo porque una buena parte de su trabajo será en la postproducción. Por otra parte no dejo de sorprenderme con las maravillas de la óptica en general. Incluso para cámaras cuyo precio es risible. El viejo problema de la poca profundidad de campo del video cuando competía con el film, hoy sencillamente no existe.

De manera que al mirar el making off de una película cualquiera pienso de manera egoísta en el ahorro de tiempo y dinero que hubiera podido tener y aplaudo las facilidades que me permitirán ahora invertir mejor. ¡Es casi como la cuña de un banco!

¿Por qué una pausa tan larga entre Tosca, la verdadera historia

y Arcadia Blues?

IFG.- Fue el trabajo político fundamentalmente. Creímos que debíamos

dedicarnos  a  trabajar  de  frente  y a tiempo completo  para lograr que

el país enrumbara hacia el cauce democrático.  Pero no se logró. No se

ha logrado. Y el discurso del film surge entre otras razones como consecuencia de esa pretensión fallida. Entiéndame: no estoy diciendo que una película tumbe o cambie gobiernos. Estoy diciendo que volantes, pancartas y marchas y mucho lenguaje directo diciendo la verdad y mostrando hechos brutales, criminales e inconstitucionales, no bastaron. Aquí no bastaron. Y todo ha ido para peor. Y ese fracaso (circunstancial, ya sé) comenzó a formar parte del asunto. En la búsqueda personal para entender las razones del fracaso y/o la culpabilidad propia de ese estado de cosas, en esa "investigación" (que ocurrió para dentro y para afuera) fue apareciendo Arcadia Blues  como una madeja de historias aparentemente independientes pero haciéndose una sola memoria. Bella, dolorosa, dulce y arrogante hemos dicho. Un cuento para armar. Un thriller. Lo más importante y bueno que ha parido servidor en estos largos años.

Me hablaba del espectáculo, del "empaque", de los términos de exposición del cuento (sabemos que lo histórico está presente). ¿Qué es para usted un espectáculo?

IFG.- Nuestro espectáculo es un conjunto de sucesos interesantes reales e inventados, revelados por las acciones de seres igualmente interesantes y atractivos que ganan tu atención. La diversión parte de que necesitas saber, con lo poco que sabes de ellos al principio, ¿a dónde van a parar? ¿qué pasará con todo

aquello? Al final del espectáculo debe quedarte suficiente curiosidad paraquerer saber qué ocurriría después de lo narrado. Es el efecto de los personajes que sobreviven por tu interés. Un espectáculo distrae: es para reír pero también para llorar. Te revela cosas que no sabías, te engrandece. ¿Por qué es un espectáculo? Porque no es un ensayo. Porque apela a lo emotivo más que a la razón. Otra cosa es que los buenos espectáculos, los perdurables, activan al espectador y éste se vuelve predictivo, se incorpora a la trama y arma los hechos y aporta posibilidades de resolución al margen de sus propios deseos.

¿Será Arcadia Blues otro Film-Escuela?

IFG.- ¡Qué más quisiera yo! Ifigenia y Tosca lo fueron. Si de algo se da buena cuenta en mi página web www.ivanfeo.com es el orgullo y la enorme satisfacción que quedaron de esas experiencias. Pero ¿cómo? Si no se filma en Venezuela no puede ser "Film-Escuela de la Universidad Central de Venezuela" como orgullosamente rezan los títulos iniciales de ese par de películas.

¿Y alguna universidad de uno de los países coproductores?

IFG.-  No lo había pensado, hay que pensarlo. Ocurre que habría que invertir dentro de esa universidad, por lo menos un semestre en escoger y entrenar a los estudiantes-pasantes para la experiencia de aprendizaje durante el rodaje. Si lees esa sección de los Films-Escuela verás que no es nada fácil hacerlo responsablemente. Pero, gracias voy a estudiarlo desde ya.